CONECTATE CON NOSOTROS

Deportes

Boca goleó a San Lorenzo y está a un paso de la Libertadores

Publicado

el

Boca celebró un nuevo triunfo en la Bombonera por la Superliga, con un mix entre titulares y habituales suplentes que lo ponen a un paso de la próxima Libertadores: goleó 3-0 a San Lorenzo, que se hunde cada vez más en su oscura crisis futbolística.

No puso demasiada resistencia el “Ciclón” en el inicio del duelo como para salir del pozo en el que llegó metido. A los 3 minutos, Emmanuel Mas aprovechó que la visita tiró mal el fuera de juego y cabeceó en soledad, pero la respuesta de Fernando Monetti fue acertada. La amenaza se cumplió segundos más tarde: Mauro Zárate recibió en la puerta del área, se acomodó y colgó el balón de un ángulo para abrir el marcador.

Ya en la media hora de encuentro, Ramón Ábila guapeó la acción, se llevó la pelota y se marchó en soledad rumbo al mano a mano. Con tiempo para decidir, “Wanchope” intentó picarla, pero le pegó muy mal a la pelota. El disparo salió rasante y desacomodó a Monetti, que se salvó ya que el tiro se fue levemente desviado.

En los diez minutos finales los de Jorge Almirón lograron una interesante reacción por intermedio de Nicolás Reniero. El atacante surgido de las inferiores complicó a Esteban Andrada con un envío bajo y luego con un cabezazo llovido –tras un centro de Damián Pérez– que impactó contra el travesaño.

El elenco de Boedo no pudo extender la reacción en el complemento y a los 30 segundos casi vuelve a sufrir una nueva caída de su valla: el disparo de Sebastián Villa impactó en el palo. De todos modos, a los 20 minutos llegó otro grito del local: “Bebelo” Reynoso realizó una gran maniobra por el sector izquierdo del terreno y sacó un centro al medio del área. Nahitan Nandez le ganó la posición a su marcador y, con ayuda del hombre del “Ciclón”, decretó el 2-0.

Quedó espacio para una insólita expulsión de Fernando Monetti por una agresión sobre “Wanchope” Ábila –la segunda roja en siete partidos con San Lorenzo– y para el tercer grito del “Xeneize” por intermedio de una contra, una gran diagonal del colombiano Villa y la definición para vencer al ingresado Sebastián Torrico.

La victoria dejó a Boca, que el próximo martes recibirá a Deportes Tolima por la Copa Libertadores, a un paso de clasificarse a la Libertadores 2020. Suma 44 puntos y le saca ocho de distancia a River, el primer equipo fuera de la zona de acceso a esa Copa. El “Millonario” tiene por delante la posibilidad de acumular 12 unidades, por lo que su margen de error es escueto.

El gran problema está enfocado en el “Ciclón”, que alcanzó su 15° compromiso sin ganar –13 por Superliga, 1 por Copa Argentina y 1 por Libertadores–. La continuidad de Almirón pende de un hilo, teniendo en cuenta que el equipo está último en la tabla de posiciones con 17 puntos.

Fuente: Infobae

Continuar Leyendo

Deportes

Regional del NOA: Tucumán Rugby se enfrenta con Old Lions en el partido de la fecha

Aquí los cruces, horarios y árbitros de la décima jornada.

Publicado

el

Por

Este fin de semana se juega la décima fecha del Regional del NOA “Antonio Gandur”. A falta de cuatro fechas para el final de la primera fase, y con varios equipos metidos en la pelea, la necesidad de sumar puntos se ha vuelto una obligación.

La jornada comenzará el sábado con tres partidos de alto vuelo. Tucumán Rugby, líder e invicto, recibirá a su escolta Old Lions. Si bien los “Verdinegros” ya tienen su lugar asegurado en los playoffs, un triunfo les permitirá empezar a probarse el traje de semifinalistas. Los “Viejos Leones” buscarán dar el golpe y así pelear por el pase directo a semis.

En Ojo de Agua Universitario (T) y Tucumán Lawn Tennis se llevarán buena parte de la atención. La “U” se ubica en el cuarto puesto, tres puntos por arriba de su rival de turno, que llega al duelo con sed de victoria. En el ex aeropuerto, Los Tarcos tendrá la oportunidad de recuperarse del traspié y acortar la distancia que lo separa de Lince, el hasta ahora último clasificado.

El domingo, Natación y Gimnasia recibirá a Jockey Club (S) con la obligación de ganar para meterle presión a Old Lions y seguir con vida en la pelea por el segundo puesto. En Concepción, Huirapuca buscará alcanzar el tercer triunfo consecutivo cuando reciba a Universitario (S). Los de “La linda” necesitan ganar para no despedirse de la pelea.

En la “Madre de ciudades”, Santiago Lawn Tennis será local de Jockey Club (T) con la imperiosa necesidad de sumar. Los santiagueños acumulan 14 puntos y no pueden dejar pasar más chances. Enfrente tendrá a un “Cañero” que viene de conseguir su primer triunfo. Por último, Gimnasia y Tiro recibirá a Cardenales en otro duelo de necesitados.

Programación – 10° fecha – Sábado 25

  • Los Tarcos – Lince – 16:10 – Julián Montenegro
  • Tucumán Rugby – Old Lions 16:30 – Álvaro del Barco
  • Universitario (T) – Tucumán Lawn Tennis – 16:10 – Santiago Altobelli
  • Domingo 26 Santiago Lawn Tennis – Jockey Club (T) – 16:30 – Leandro Santillán
  • Gimnasia y Tiro – Cardenales – 16:10 – José Casadey
  • Natación y Gimnasia – Jockey Club (S) – 16:10 – Patricio Padrón
  • Huirapuca – Universitario (S) – 16:10 – Nicolás Cotic (URBA)

Continuar Leyendo

Deportes

Zárate ya no es de Vélez: el club decidió echarlo como socio

uego de sus declaraciones post eliminación de Boca al Fortín en La Bombonera, desde Liniers decidieron aplicar un artículo del estatuto para echarlo por «hacer intencionalmente daño a la institución».

Publicado

el

Por

Vélez Sarsfield decidió expulsar como socio al ex jugador del club, Mauro Zárate, a partir de la controvertida relación que se generó en el último tiempo con el actual delantero de Boca Juniors.

La Comisión Directiva de la entidad de Liniers resolvió aplicar el artículo 28 del estatuto que establece que un asociado puede ser echado por “inconducta notoria” o “hacer intencionalmente daño a la institución”.

La polémica generada en torno a la relación institución-jugador, que decidió abandonar el club en el que se formó futbolísticamente para pasar al Xeneize, recrudeció la semana pasada, en el cotejo desquite de una de las llaves de cuartos de final de la Copa de la Superliga entre Boca y Vélez.

Con la clasificación consumada del elenco de la Ribera, por la vía de los penales, luego de que los 180 minutos globales de la eliminatoria resultaran empatados sin goles, Zárate efectuó declaraciones periodísticas en las que reflejó cierto desprecio por la institución de Liniers manifestando que “pasó el equipo grande”.

Integrantes de distintas agrupaciones como La V Azulada, José Amalfitani, Círculo El Fortín y Unidad Velezana, entre otras, habían solicitado días atrás a la CD que declarase “persona no grata” al atacante. /Minuto Uno/

Continuar Leyendo

Deportes

La F1 de duelo: murió el tres veces campeón Niki Lauda

El austriaco tres veces campeón de la Fórmula 1 ganó 25 carreras y se consagró en 1975, 1977 y 1984

Publicado

el

Por

A los 70 años, murió Niki Lauda, uno de los mejores pilotos de la historia de la Fórmula 1. Se impuso en 25 carreras y ganó tres títulos del mundo. Sin embargo, la mayoría de la gente lo recuerda por su peor momento. Por el terrible accidente que sufrió en Nürburgring en 1976. Lauda fue un enorme piloto en una época en que sobresalir no era tan sencillo. Tenía un talento poco vistoso. Lo suyo no eran las grandes maniobras, ni los sobrepasos alocados. Era un ingeniero puesto tras un volante. Su mayor virtud era la inteligencia, la sangre fría. El campeón sobrio. Lograba pensar con tranquilidad a trescientos kilómetros por hora. La dimensión legendaria, el carácter mítico lo obtiene al sobreponerse al accidente que casi pierde la vida y le costó mucho dolor y varias de sus facciones. Una oreja arrebollada, informe, un párpado destruido, la piel de la frente y del costado derecho de su cara con los trazos perfectamente marcados de las quemaduras. La piel rugosa, lacerada, las cicatrices perpetuas, los tatuajes del accidente.

1 de agosto de 1976. La carrera recién comenzaba. La pista mojada y el pronóstico de buen tiempo hacían dudar a los pilotos y a las escuderías. Nadie sabía qué neumáticos utilizar. Nüburgring era un circuito exigente. Acaso el más exigente de todos en ese tiempo. Cada vuelta era de casi 23 km. El campeón vigente y cómodo puntero del campeonato de pilotos, Niki Lauda, adoptó una decisión inteligente, y, una vez más, sorprendió a sus rivales, y entró a boxes luego de finalizar la primera vuelta. Al salir, con las gomas para suelo seco, su velocidad abrumaba a sus contendientes. Pero pocos kilómetros más adelante, finalizando el sector más sinuoso del circuito, en medio de la última curva, el impasible austríaco perdió el control del vehículo. Nunca se supo si fue una falla humana o mecánica (las pericias no eran tan exhaustivas en esos tiempos). La Ferrari con el número 1 impactó de lleno contra un terraplén, giró sobre sí misma y siguió golpeando contra la montaña en un par más de ocasiones. Hasta que, luego de desprenderse un neumático, ya convertido en una bola de fuego informe, el auto se paró en medio de la pista. Un rezagado, mientras intentaba frenar, impactó con Lauda. Además de ese conductor, un norteamericano ex combatiente de Vietnam llamado Brett Lunger, otros tres corredores detuvieron su marcha para asistir al accidentado: Harald Ert, Arturo Merzario y Guy Edwards. El norteamericano penetró entre las llamas. El crepitar de los hierros y el ruido lejano de los motores dejaban escuchar los aullidos de dolor del campeón atrapado. El italiano Merzario aportó el detalle que junto al arrojo de Lunger salvó la vida de Lauda: como había estado en Ferrari sabía que los cinturones de seguridad de sus autos se abrían de manera diferente al de las otras escuderías. Lunger tironeó del cuerpo mientras los otros vacían sus extinguidores sobre Lauda. La cara de Niki estaba deshecha. Ensangrentado, en carne viva, la parte superior de su cara parecía construida con cera derretida. Nada estaba en el lugar en que debía estar. La piel caía a jirones de sus manos. Al llegar al hospital las posibilidades del austríaco de sobrevivir eran muy escasas. Mientras le realizaban las primeras intervenciones médicas recibió la extrema unción.

Ese 1 de agosto de 1976 parecía que su carrera había finalizado. Con varias carreras para terminar el año, aún sin competir podía coronarse campeón por segundo año consecutivo dada la gran diferencia de puntos que tenía con sus principales perseguidores, James Hunt y Jody Sheckter. Algo no tan frecuente en esos años -el último bicampeonato lo había conseguido Brabham en los años 59/60- de menor tecnología, gran paridad y pilotos que podían ganar carreras aún sin estar en los mejores equipos. Pero la carrera de Lauda no acabó en Nürburgring. Menos de un mes y medio después volvió a correr. Un milagro. Y una proeza de la fuerza de voluntad. A 42 días de convertirse en el piloto bonzo, volvió a estar en la grilla de largada de un Gran Premio. La gente las primeras veces que se lo encontraba no podía sostenerle la mirada. No podían acostumbrarse a su nueva cara. A Lauda poco le importaba. Su fuerte personalidad y determinación le permitieron seguir adelante.

Esa temporada, en la última carrera, tal vez se dé el mayor momento de su carrera. El ganador, el tricampeón del mundo, consiguió su momento inmortal en una derrota. En su ausencia, James Hunt había aprovechado para acercarse. Antes del Gran Premio de Japón, última carrera en el calendario de la Fórmula 1 de ese año, el austríaco aventajaba a Hunt por tres puntos. Vale la pena detenerse en Hunt. Representaba lo opuesto a Lauda. Era la osadía, el desparpajo, un playboy que aceleraba en cada curva y en cada momento de la vida. Se vanagloriaba de épicas orgías las noches previas a las carreras. Su larga cabellera rubia sobre el buzo antiflama marcaron una época. Su figura y la rivalidad con Lauda son el sustento argumental de Rush, la excelente película de Ron Howard: un western sobre ruedas, un duelo entre dos personalidades opuestas, que pinta un mundo mítico como el de la fórmula 1 de los setentas con gracia y precisión.

El circuito del Monte Fuji al momento de la largada fue víctima de un temporal. La lluvia caía sobre la pista con furia. Los organizadores decidieron seguir adelante. Lauda largaba en segunda fila, detrás de de Hunt y de Mario Andretti. Las imágenes de la largada son estremecedoras. La lluvia persistente moja los autos pero en el momento en que se ponen en marcha una gran nube de agua se levanta del asfalto y cubre los autos. Hay que adivinar que pasa dentro. Parece una escena extraída de los Autos Locos. A las pocas vueltas Lauda se detuvo en boxes y decidió no continuar. Alguien, presumiblemente el jefe del equipo, se inclina sobre su auto e intenta convencerlo, pero Niki se baja del auto y se quita el casco. La carrera había terminado para él. Había aprendido la lección. Parecía que la influencia geográfica había derramado sobre él sabiduría oriental. Prefería perder una carrera, un campeonato y no la vida. Además de su accidente de pocos meses antes, se debe recordar que en los últimos tres años en la Fórmula 1 habían fallecido cinco pilotos. Al principio de año los corredores en sus reuniones se miraban entre sí y pensaban, sin decirlo en voz alta, cuál de ellos sería al que le tocara caer en competencia ese año. Sabían que al final de la temporada alguno o algunos de ellos ya no estarían más. Lauda había estado demasiado cerca ese año. Y con esa decisión no sólo posibilitó que Hunt se quedara con el campeonato (salió cuarto luego de una gran remontada final y superó a Lauda por un punto en el campeonato) sino que demostró que había cosas más importantes que una carrera, que sus prioridades se habían reacomodado. Ese abandono fue uno de sus indiscutibles momentos de humanidad y grandeza.

En esos años con los peligros que afrontaban los pilotos no podía haber en su elenco ningún cobarde. Se jugaban -literalmente- la vida en cada carrera. Niki Lauda entendió que ser valiente no tiene nada que ver con la temeridad.

Al año siguiente se recuperó y ganó su segundo campeonato mundial de punta a punta. Cada día se mostraba más fuerte. El accidente y la experiencia cercana a la muerte habían quedado atrás. Un tiempo después decidió retirarse del automovilismo. Fundó una línea aérea que luego vendió. Retornó a la Fórmula 1 en el 82. Creía que todavía podía dar algo más. En 1984 consiguió su tercer título al vencer por medio punto a Alain Prost. Luego tuvo otra aerolínea (que sufrió un accidente fatal en 1991 en Tailandia que dejó casi tres centenares de muertos) y volvió otra vez a la Fórmula 1 ya no como piloto sino como directivo y asesor.

Su actitud vital nunca varió a pesar de varios inconvenientes de salud. Debió someterse a dos trasplantes de riñón. Y en Ibiza, hace poco menos de un año, le realizaron un tercer trasplante, uno de pulmón, afectado desde el accidente del 76 en el que aspiró humos tóxicos. Hace décadas que Niki Lauda se convirtió en una leyenda. El campeón del mundo sereno, impasible, frío y racional. El que lograba reflexionar con claridad en los momentos más dramáticos. El que se paró de frente a la adversidad. Las cicatrices en su cara que nunca se quiso sacar, que se negó a operarse, las lesiones permanentes en el cuero cabelludo que sólo tapó con una gorra, nunca fueron un estigma para Lauda. Sino un testimonio de lo vivido y de aquello contra lo que batalló y debió superar. Ese es su mayor legado.

Fuente: Infobae.

Continuar Leyendo

Tendencias