CONECTATE CON NOSOTROS

Internacional

Coronavirus: más de 250.000 casos en confirmados en Europa

Más de la mitad se encuentran en Italia, 74.386 infectados y en España, 56.188, según un recuento de casos de coronavirus realizado este jueves.

Avatar

Publicado

el

Con al menos 258.068 casos y 14.640 muertos, Europa es el continente más golpeado por la pandemia del coronavirus. Las cifras ya superan a las de Asia, con 100.937 casos y 3.636 muertos, donde inició el contagio. La situación es aún más critica si se considera que el número de casos diagnosticados no refleja la totalidad ya que hay muchos países que sólo testean los casos más graves.

Hasta el momento diagnosticaron más de 250.000 casos de coronavirus según los datos oficialmente en Europa, de los cuales más de la mitad en Italia, un total de 74.386, y España, en total 56.188, según un recuento realizado por la agencia AFP este jueves.

Italia y España superaron las muertes de China en de marzo y ya acumulan entre ambos países más de 10.900 fallecidos. La Unión Europea cerró sus fronteras exteriores hasta el 17 de abril y más de 85 países prohibieron la entrada de viajeros países con una gran incidencia, como Italia o España.

El foco del brote en Europa fue Italia, cuando empezó a detectar casos en la última semana de febrero y ya es el segundo país del mundo con más contagios. El Gobierno cerró y todos los comercios excepto farmacias y tiendas de alimentación y prohibió entrar y salir del país. El 20 de marzo se convirtió en el país que mayor número de muertes registró en un día al notificar 627.

El primer fallecimiento en España tuvo lugar en la Comunidad Valenciana el 13 de febrero y fue descubierto en la autopsia posterior. El resto se produjeron durante las primeras semanas de febrero y marzo en Madrid, País Vasco, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Aragón, Andalucía, Comunidad Valenciana, La Rioja, Extremadura, Galicia, Asturias, Navarra, Baleares, Canarias y Murcia. Más de 70 países han impuesto restricciones a los viajes de ciudadanos procedentes de España.

El virus también llevó a las autoridades francesas y alemanas a blindar los países. Francia ya ha superado la barrera de los 1.333 muertos con 25.600 casos contabilizados; mientras que Alemania solo registraron 206 muertos con 37.323 casos. Suiza acumula 10.897 casos y 153 muertes y suspendió el Salón del Automóvil de Ginebra

Continuar Leyendo
Publicidad

Internacional

Brasil supera el centenar de muertes por coronavirus

Se registraron 22 nuevas muertes y 114 nuevos contagios en Brasil. San Pablo es el estado con más fallecidos por coronavirus.

Avatar

Publicado

el

Por

Brasil reportó hoy 22 nuevas muertes por coronavirus, con lo que el número total de fallecidos se elevó hasta 114, mientras que los casos confirmados crecieron un 14% en un día y se ubicaron en los 3.904, informó el Ministerio de Salud.

Las autoridades sanitarias señalaron que la tasa de letalidad de la enfermedad en el país se ubica en el 2,9%, y que el 90% de los fallecimientos corresponden a personas por encima de 60 años.

El estado de Sao Paulo, el más rico y poblado de Brasil, con unos 46 millones de habitantes, continúa siendo el principal foco de la pandemia en el país con 1.406 infectados y 84 fallecidos por Covid-19.

Por detrás, se sitúa el estado de Río de Janeiro, el tercero más populoso del país y que acumula 558 positivos y 13 muertes, consignó el reporte oficial reproducido por la agencia de noticias EFE.

Según el Ministerio de Salud, hay al menos 569 internados en la red de hospitales del país por Covid-19.

El ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, pidió en su comparecencia «racionalidad» en el enfrentamiento de la pandemia y no tomar decisiones «por impulso», ni judicializar la crisis sanitaria. «Vamos a movernos por la ciencia y por la parte técnica en la planificación, pensando en todos los escenarios», aseveró.

En este sentido, recomendó quedarse en casa y «disminuir la circulación de personas», un mensaje que contrasta con el del presidente ultraderechista Jair Bolsonaro, quien ha pedido en los últimos días la vuelta al trabajo y ha calificado las cuarentenas decretadas por algunos gobernadores regionales de «crimen».

Continuar Leyendo

Internacional

El Papa otorgó una indulgencia plenaria universal por la crisis de la pandemia

“Ahora, mientras navegamos en mares complicados, te pedimos: Despierta, Señor”, manifestó Francisco en su alocución

Avatar

Publicado

el

Por

El papa Francisco otorgó en la tarde de este viernes una indulgencia plenaria universal hacia todo los fieles de la Iglesia Católica en medio de la pandemia por el coronavirus que golpea en todo el planeta.

“Un vacío desolador que paraliza todo a su paso. Se palpita en el aire, lo dicen las miradas”, dijo el Papa. “Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que los discípulos del Evangelio nos sorprendió una tormenta. En esta tormenta estamos todos”, señaló el Santo Padre en su mensaje en una Plaza San Pedro absolutamente desierta.

“Ahora, mientras navegamos en mares complicados, te pedimos: Despierta, Señor”, manifestó Francisco en su alocución por la pandemia de COVID-19.

El obispo de Roma caminó unos 50 metros en soledad mientras una tenue lluvia impactaba sobre la plaza vaticana. Al llegar a la escalinata, fue ayudado por su secretario privado, sobre quien el pastor argentino se sostuvo para poder subir al atrio.

El Papa Francisco besa una estatua de Jesucristo en la Plaza de San Pedro durante una extraordinaria bendición “Urbi et Orbi” como respuesta a la enfermedad mundial por coronavirus (Reuters)

“En medio del aislamiento donde experimentamos la falta de los afectos, escuchamos una vez más el anuncio que nos salva: ¡Ha resucitado y vive a nuestro lado!”, expresó en su mensaje Urbi et Orbi el Papa. “Dejemos que reavive la esperanza”.

“Esta tarde me gustaría confiarlo a todos al Señor, a través de la Virgen, descienda sobre vosotros la bendición de Dios: Señor, bendice al mundo, da salud al cuerpo y consuela los corazones. Nos pides que no sentamos temor, pero nuestra fe es débil, Señor y tenemos miedo. Pero tú Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repite de nuevo: No tengáis miedo y nosotros junto a San Pedro volcamos en ti todo nuestro agobio porque sabemos que tú nos cuidas”, concluyó.

El mensaje completo del Papa Francisco:
“Al atardecer”. Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas.

Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente.

En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos”, también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino solo juntos. Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús.

Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca que primero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre —es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo—.

Después de que lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (v. 40). Tratemos de entenderlo. ¿En qué consiste la falta de fe de los discípulos que se contrapone a la confianza de Jesús? Ellos no habían dejado de creer en Él; de hecho, lo invocaron. Pero veamos cómo lo invocan: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (v. 38).

No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: “¿Es que no te importo?”. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados.

La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad.
La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.

Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela y se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa.
No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo.

Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor”. «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón» (Jl 2,12).

Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás.

Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo.

Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno». Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a

Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza.
Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere. El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar.

El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado.

El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.

Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad.

En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios.

Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fe es débil Señor y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo» (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque sabemos que Tú nos cuidas”.

Fuente: Infobae

Continuar Leyendo

Internacional

Estados Unidos ya es el país con más casos de coronavirus del mundo

El número de casos asciende a 94.238. Hay más de mil muertos.

Avatar

Publicado

el

Por

Estados Unidos superó este viernes los 90 mil contagiados por COVID-19 y liderara las estadísticas de personas infectadas en el mundo, según datos de la Universidad Johns Hopkins.

El instituto indicó que la cifra asciende a 94.238 casos actualmente en el país norteamericano y el número de muertos llega a los 1.300 en total.

La noticia coincide con el informe de que más de 3,3 millones de personas se registraron para recibir ayudas por desempleo en la semana del 21 de marzo. Eso es casi cinco veces más que el anterior récord, 695.000 en una semana de 1982.

La economía de Estados Unidos está virtualmente parada. Son numerosas las restricciones al movimiento de personas, los comercios y fábricas están cerrados, la industria aeronáutica también virtualmente sin actividad.

Plan de estímulo económico

La Cámara de Representantes aprobó este viernes el tercer plan de estímulo económico por poco más de dos billones de dólares que, aunque “imperfecto”, según los legisladores, ayudará a mitigar la estela de daños de la pandemia del coronavirus.

El voto en la Cámara de Representantes se produjo dos días después que el Senado lo hiciera en una votación de 96-0.

Se trata del mayor plan de rescate económico en la historia moderna del país, y el presidente, Donald Trump, que ha declarado una “guerra” a lo que denominó como un “enemigo invisible”.

Con ese voto, el mensaje unánime del Congreso ha sido que «ya va en camino la ayuda» para paliar la crisis.

Continuar Leyendo