La máxima directora del Fondo Monetario Internacional recibe a menudo crítícas de organizaciones de izquierda a las propuestas correctivas de política económica en los... Christine Lagarde le llueven protestas de todo el mundo

La máxima directora del Fondo Monetario Internacional recibe a menudo crítícas de organizaciones de izquierda a las propuestas correctivas de política económica en los países miembros con desequilibrios

La carta que recibió Christine Lagarde dice en uno de los párrafos: “Las políticas fiscales y monetarias restrictivas que prescribe el Fondo Monetario Internacional como condicionalidades de sus préstamos, reducen el espacio que tienen los gobiernos para la inversión pública y muy frecuentemente tienen consecuencias devastadoras –particularmente para los grupos marginados– y altos costos políticos”.

No se trata de la carta que le enviaron desde la Argentina con la firma de cientos de dirigentes políticos, sindicales, actores y muchos miles de adherentes, que rechaza en duros términos el acuerdo Stand by, y que se leerá esta tarde en un acto a realizarse en la puerta del Banco Central al final de una movilización que partirá del Obelisco.

Sino de otra carta que hace tres semanas le remitieron unas cincuenta organizaciones sociales y académicas internacionales “preocupadas por los continuos impactos negativos de los préstamos condicionados del FMI”, entre los que figuran Oxfam, Global Justice Now, Child Poverty Action Group, Olof Palme International Center, Norwegian Church Aid, Tax Justice Network, Jubilee USA, Church of Sweden y Bretton Woods Project.

Hay muchas organizaciones internacionales  “preocupadas por los continuos impactos negativos de los préstamos condicionados del FMI”

La opinión buscada

La carta fue enviada en respuesta a una consulta abierta que lanzó el propio FMI para recabar opiniones que alimenten la revisión que está elaborando la institución sobre las Condicionalidades y el Diseño de los préstamos que otorga, como el que recibió el gobierno de Mauricio Macri.

Esa consulta fue anunciada como “la primera evaluación exhaustiva de los programas de asistencia que se realiza desde la crisis financiera mundial” que “examinará y analizará el desempeño de esos programas entre setiembre de 2011 y el final de 2017”, con el objetivo de “extraer enseñanzas para el diseño de futuros programas”.

La convocatoria indicaba el interés de recibir “comentarios sobre cualquier aspecto del examen, pero específicamente quisiéramos obtener sus puntos de vista sobre lo siguiente:

-¿Se lograron los objetivos de los programas respaldados por el FMI? En caso negativo, ¿cuál cree que fue la razón?

-¿Han logrado los programas respaldados por el FMI un equilibrio adecuado entre el ajuste de políticas y la condicionalidad necesarios y el monto de financiamiento, que tenga en cuenta las vulnerabilidades de la deuda y la capacidad de reembolso de los países? ¿Hay aspectos en los que sería adecuada una mayor o menor condicionalidad?

-¿Han prestado suficiente atención los programas respaldados por el FMI al impacto social de las medidas del programa?”, entre otras preguntas.

El plazo para participar venció el 29 de junio pasado, y la carta citada fue una de las recibidas.

Puntos de coincidencia

Si bien esas organizaciones internacionales se refieren en la carta a los programas de asistencia del Fondo en general, los cuestionamientos son, lógicamente, muy similares a los del documento que se leerá esta tarde.

Por ejemplo, la carta dice:

-“Los préstamos del FMI a menudo han socavado el poder de negociación colectiva de los sindicatos, han provocado una caída en los salarios, han promovido una excesiva flexibilización del mercado laboral, y han impulsado drásticos recortes en el empleo público”.

Se cuestiona que “Los préstamos del FMI a menudo han socavado el poder de negociación colectiva de los sindicatos”

-“Las condiciones y prescripciones sobre los mercados de trabajo no han ayudado a reducir el desempleo, sino que por el contrario han contribuido a aumentar la desigualdad de ingresos y han erosionado la prestación de servicios públicos básicos”.

-“Creemos que el examen debe llevar a que se revise la eficacia de la receta estándar del FMI que consiste en impulsar tasas de interés muy altas como herramienta de lograr una inflación muy baja. Las fuertes restricciones de las políticas fiscal y monetaria impuestas, han erosionado la posibilidad de aumentar la inversión pública como porcentaje del PBI, ya que las dañinas consecuencias de las altas tasas de interés le impiden a los gobiernos financiar sus déficits y bloquean los necesarios aumentos en la inversión pública”.

Todas apreciaciones que pueden leerse como pronóstico de lo que le espera a la economía argentina como consecuencia del ajuste y de las condicionalidades del acuerdo Stand by, y que perfectamente podrían haber formado parte de la carta elaborada por la oposición local.

Todas las críticas pueden leerse como pronóstico de lo que le espera a la economía argentina como consecuencia del ajuste y de las condicionalidades del acuerdo Stand by

Nada de esto es sorprendente para Christine Lagarde, para el resto del Directorio Ejecutivo ni para el staff del organismo. Son las mismas críticas que viene recibiendo históricamente, por la sencilla razón de que, más allá de algunos cambios menores, formales o discursivos, la esencia de su política sigue siendo la misma.

Una prueba clara de que son conscientes del rechazo que genera su presencia es lo que el figura en el reporte del staff sobre la Argentina que se difundió el viernes pasado.

Las preocupaciones del staff sobre el caso argentino

Los técnicos advierten que “existe una preocupación vinculada a la habilidad del Gobierno para construir el apoyo para las posibles medidas que necesitan ser aprobadas por el Congreso”, porque “la construcción de un consenso social alrededor de los principales elementos del programa será crítica y desafiante, en particular a la luz de la historia de los préstamos del FMI a la Argentina”.

Y si bien reconocen que existe el “compromiso de las autoridades” no pasan por alto que “ya existen críticas domésticas significativas al involucramiento del FMI, lo que va a ser un desafío a lo largo de la vigencia del Acuerdo”.

Críticas que llueven desde la oposición desde que se conoció el Acuerdo, que ayer expuso la CGT en conferencia de prensa, que hoy serán leídas frente al Banco Central y que mañana serán coreadas por partidos de izquierda en el acto convocado en el Centro de Exposiciones donde se reunirán los ministros de Finanzas y presidentes de Bancos Centrales del G20 con la presencia de Lagarde.

El extendido repudio hace pie en la historia y en el propio contenido de un Acuerdo que, en el mejor de los casos, prevé que el ajuste tenga como resultado que la economía crezca apenas 0,4% este año (lo que equivale a una caída del ingreso per cápita e implica recesión para lo que resta del 2018, dado que en el primer semestre hubo bastante crecimiento) y tan solo 1,5% el que viene. Y no descarta un escenario aún peor, con una disminución del PBI de 1,3 en 2018 y estancamiento para 2019.

El FMI prevé un modesto crecimiento de la economía argentina en 2018 de 0,4%, lo que equivale a una caída en términos por habitante

Débil en los pronósticos

Aunque los pronósticos del Fondo son tan poco confiables como billete de 9 pesos. En el informe final sobre el monitoreo de la economía argentina que los expertos del Fondo realizaron en diciembre pasado en el marco del Artículo IV, señalaron: “La economía está rebotando. El gobierno ha desarmado muchas distorsiones y ha hecho importantes progresos en restaurar la integridad y la transparencia en las operaciones del sector público. Esos cambios de política han puesto a la economía en un andar más sólido y han corregido varios de los desequilibrios macroeconómicos más urgentes. El país está experimentando una sólida recuperación, y aun cuando va a seguir el camino de la consolidación fiscal y de los esfuerzos por bajar la inflación, esperamos que el crecimiento aumente en los próximos años”.

En ese momento, es decir cinco meses antes de que estallara la crisis cambiaria, el FMI pronosticaba un crecimiento de 2,5 por ciento para este año y 2,8 para el próximo.

Cinco meses antes de que estallara la crisis cambiaria, el FMI pronosticaba un crecimiento de 2,5% para este año y 2,8% para el próximo

Las críticas llueven incluso desde dentro del organismo. Lagarde recibió hace un par de semanas el tercer reporte de la Oficina de Evaluación Independiente, que es parte de la estructura del FMI y que entre sus objetivos tiene el de contribuir a “fortalecer la credibilidad externa” del organismo. Las conclusiones son muy negativas: “El Directorio y el staff han perdido una oportunidad para aprovechar las recomendaciones de evaluaciones anteriores, y no ha implementado las recomendaciones a tiempo”.

El rechazo y las protestas activas contra el FMI se están dando en varios otros países. A principio de este mes centenares de miles de jordanos marcharon contra las políticas de ajuste acordadas por el gobierno de Aman con el Fondo y forzaron la renuncia del primer ministro.

En Túnez hubo hace poco masivas movilizaciones contra el programa del Fondo. Después de ocho años Grecia está por liberarse de la tutela de la troika que el Fondo conformó con el Banco Central Europeo y la Comisión Europea para un salvataje que deja un tremendo costo social.

Y hasta en uno de los países más pobres del mundo como Haití, las medidas de recorte de subsidios impuestas por el Fondo al gobierno generaron la semana pasada varios días de violentas protestas con saqueos que tuvieron como saldo dos muertos en enfrentamientos con la fuerza de seguridad, y finalmente forzaron al gobierno y al FMI a modificar las pautas del Acuerdo en vigencia.

El FMI tiene en vigencia 19 programas de “asistencia” a países pobres y 18 programas de acuerdo general, de los cuales cuatro son del tipo stand by: Irak, Jamaica, Kenia y Argentina.

De ese programa depende el futuro inmediato de la economía argentina y del gobierno de Mauricio Macri.

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