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Argentina

La Asignación Universal por Hijo sube 46% y será de $2644 desde este mes

Lo anunció el presidente Mauricio Macri en la 137° Asamblea Legislativa. Traerán a este mes los incrementos previstos para todo el año. Utilizarán la cláusula social del acuerdo del con el FMI, que permite expandir el gasto en 0,2 puntos del PBI.

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El presidente Mauricio Macri anunció en la 137 Asamblea Legislativa que la Asignación Universal por Hijo (AUH) aumentará desde marzo un 46%. Así, el subsidio que reciben más de 4 millones de niños y niñas se irá a $2644 por mes.

«Lamentablemente, los chicos son los más perjudicados» por la suba de la pobreza del último año, dijo Macri. Y anunció que su Gobierno resolvió «aumentar, a partir de este mes, un 46% la AUH, que hoy tiene 4 millones de beneficiarios».

El Presidente afirmó que, para atender ese gasto adicional, utilizarán la cláusula social que el Gobierno y el FMI incluyeron en el acuerdo de Stand By y que supone un fuerte recorte de las erogaciones para alcanzar el equilibrio fiscal. El acuerdo permite expandir el gasto en hasta 0,2% del PBI para «proteger a los más vulnerables». Y explica: «El nivel de gasto social se protegerá bajo este programa (económico). Además, de ser necesario, se acomodarán los gastos adicionales en proyectos de asistencia social preidentificados, de alta calidad y probados por los medios. El objetivo de las autoridades es continuar reduciendo las tasas de pobreza en el transcurso del acuerdo, incluso si hubiera una recuperación económica más lenta de lo esperado». Ese 0,2% del PBI son unos 1000 millones de dólares, o $40.000 millones

El Gobierno adelantará a marzo los incrementos previstos para el resto del año. Por ley de movilidad, la AUH y las jubilaciones aumentan cuatro veces al año en función de un índice que combina inflación (70%) y salarios (30%). Así, el incremento correspondiente por ley para marzo (11,8%) se basa en los datos de precios y salarios del tercer trimestre de 2018. En junio, la asignación debía subir otro 10,8%. Queda por ver cómo empalmará el Gobierno la ley de movilidad con el anuncio del Presidente, ya que los aumentos del segundo semestre deberían corresponderse con datos oficiales de la primera mitad de 2019.

Así, la AUH pasará de los actuales $1816 a $2644. En marzo, por ley, debería haber subido $214 pesos, hasta $2030.

En la Zona 1 (La Pampa, Chubut, Neuquén, Río Negro, Santa Cruz, Tierra del Fuego y Patagones, provincia de Buenos Aires), la AUH pasará de los actualies $2361 a $3435 pesos.

El beneficio adicional no alcanzará a las asignaciones familiares (que cobran los empleados en relación de dependencia y monotributistas). Sí a la asignación por hijo con discapacidad, que pasará a $8641.

De acuerdo con las estimaciones oficiales, la suba extraordinaria de la AUH tendrá un costo fiscal de 15.000 millones de pesos. Y va en sentido contrario de distintas reducciones de subsidios focalizados en los sectores de menos recursos que encaró el Gobierno en el último tiempo, como el congelamiento de los montos del Plan Hogar que cobran 2,8 millones de familias que usan gas de garrafa o el de los montos de las becas Progresar. También, con el punto final a la devolución de 15 puntos de IVA a jubilados y beneficiarios de AUH.

El anuncio tomó por sorpresa hasta a los organismos encargados de ejecutar los pagos de la AUH. La Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) ya había liquidado el incremento previsto inicialmente para este mes, de $2030, empezará a depositar el subsidio a partir del viernes 8 de marzo. Luego pagará el complemento para completar el monto definitivo.

De hecho, semanas atrás, en el entorno del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, habían indicado  que el Gobierno pensaba usar la cláusula social firmada con el FMI ante eventos extraordinarios y consignaron que, con el ajuste automático de jubilaciones y asignaciones, estos sectores recuperarían ingresos por encima de la inflación prevista para 2019.

Como antesala al anuncio, Macri admitió que la pobreza, que había comenzado a bajar con la recuperación económica de 2017, estaba volviendo a los niveles de 2015, tras la crisis económica que atravesó el país el año pasado. Según estimaciones del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica (UCA), la pobreza alcanzó en 2018 al 33,6% de la población y subió 5,4 puntos en un año.

 

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Anses: cuándo y quiénes cobran el bono de $ 5.000

El Gobierno oficializó el pago de una “Bonificación Especial 2019” para unas 100 mil personas sin ingresos.

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El Gobierno Nacional definió la implementación de un subsidio por $5.000 para personas sin ingresos. El beneficio, denominado “Bonificación Especial 2019”, fue ideado para ser abonado por única vez a mayores de 18 años, argentinos o extranjeros con CUIL definitivo otorgado por Anses, señaló la cartera que encabeza Dante Sica.

La condición para su percepción es que la persona no reciba salario ni ingreso de otro tipo.

Para acceder al plan, en primer lugar se debe estar registrado en Anses con el número de CUIL definitivo que se tramita acercándose a una delegación del organismo con el DNI en el que figura el domicilio actual.

Para hacer el trámite no es necesario tener turno previo pero debe ser presencial sin excepción.

Una vez obtenida la constancia de CUIL Definitiva, se podrá tramitar el cobro del Bono de $5.000, siempre y cuando se cumplan con los requisitos de la Delegación Anses que corresponda según la dirección de beneficiario.

¿Cuándo se cobra el bono de $5.000?

La fecha está prevista entre el 18 y 22 de octubre. Los únicos que se pueden registrar para cobrarlo son aquellas personas que estén desempleadas en situación de emergencia alimentaria y no reciban ningún plan. Caso contrario, no calificarán para la bonificación.

Importante

La “Bonifiación Especial 2019” de $5.000 no es para Jubilados, Pensionados ni personas que reciban Pensiones No Contributivas, Seguro de Desempleo, Trabajen en Relación de Dependencia, sean Empleadores, Personal de Servicio Doméstico Registrado, Monotributistas, reciban Becas por Programas de Empleo u otro Plan Social.

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Derribar el mito de los «planeros»: ¿de qué viven los pobres?

Lejos de la difundida idea de que muchos de los pobres prefieren no trabajar y vivir de planes sociales, la evidencia muestra que siete de cada diez pesos que reciben los hogares pobres son el producto de su trabajo y que solo uno de cada diez pesos proviene de AUH, planes de empleo, becas y similares.

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Buena parte de la población está convencida de que los más humildes viven, en su mayoría, de “planes”. Y de que esa es la causa por la cual “los que trabajan” se ven “asfixiados por los impuestos”, que se usan para “mantener vagos”. Veamos si, efectivamente, los pobres son pobres porque no se esfuerzan y prefieren vivir de planes…

La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC deja en evidencia que, lejos de eso, la gran mayoría de los ingresos de los hogares pobres procede del mercado de trabajo. De hecho, la proporción de los ingresos provenientes del trabajo en los hogares pobres es similar a la de los hogares no pobres. En contrapartida, las transferencias monetarias directas dirigidas a la población vulnerable (planes de empleo y capacitación, AUH, becas escolares y similares, tanto del estado nacional como de las provincias y municipios) son apenas un complemento.

Tomando el último año para el que disponemos de las bases de datos (del segundo trimestre de 2018 al primero de 2019, periodo en el que la tasa de pobreza promedió 31,7%), analicemos cómo se componen los ingresos de los pobres (indigentes y no indigentes) y de los no pobres (en estratos, según la cantidad de canastas de pobreza que representan sus ingresos). Vale recordar que, a valores de septiembre, un hogar tipo del GBA (el monto varía de acuerdo con la composición del hogar y a la región donde reside) necesitó alrededor de $35 mil para no ser pobre y en torno a $14 mil para no ser indigente.

En los hogares pobres, el 70,5% de los ingresos totales provienen de ocupaciones laborales (sin incluir los planes de empleo), valor que resulta apenas inferior al del promedio de los hogares no pobres (73,0%).

Sin embargo, mientras que en los hogares pobres casi la mitad de los ingresos laborales provienen de ocupaciones informales (48%), en los hogares no pobres los ingresos de ocupaciones formales representan el 84% de los ingresos laborales. Dentro de los pobres, la participación de los ingresos laborales es más baja entre los indigentes, entre quienes además es mucho mayor el peso de las ocupaciones informales en la masa de ingresos laborales. En los no pobres, la mayor participación de los ingresos laborales se observa entre los sectores vulnerables (es decir, aquellos cuyos ingresos familiares se ubican apenas por encima de la línea de la pobreza), y el peso de las ocupaciones formales en el total del ingreso laboral se incrementa a medida que más arriba de la pirámide se ubica el hogar.

En contrapartida, los ingresos por transferencias directas no contributivas dirigidas a población vulnerable como la AUH, los planes de empleo (con contraprestación laboral) y de capacitación, las becas escolares, etc. representan solo el 9,3% de los ingresos de los hogares pobres: del total de estos ingresos, el 84% corresponden al ítem “ayuda social” donde el mayor aporte proviene de la AUH, el 12% a planes de empleo y el 4% a becas.

De esta manera, por cada ocho pesos de ingreso que los hogares pobres reciben por su trabajo, nos encontramos con apenas un peso proveniente de este tipo de transferencias.

Desde otro ángulo, mientras que el 85% de los pobres forman parte de hogares donde al menos uno de sus integrantes tiene ingresos laborales (valor casi idéntico al de los no pobres, 86%), apenas el 0,5% de los pobres integra hogares en el que todo el ingreso proviene de planes, AUH y similares.

En el caso de la población en hogares indigentes, la participación de estas transferencias en el total de la masa de ingresos alcanza al 25,2%, mientras que entre los pobres no indigentes cae al 7,9%. El peso relativo que los ingresos por estas transferencias tienen entre los indigentes no implica que sean sumas cuantiosas, sino, simplemente, a que sus ingresos originados en otras fuentes son exiguos: cada persona que integra hogares indigentes, en promedio y a precios de septiembre, recibe unos $550 mensuales por medio de estas transferencias, frente a los $3.600 que necesitaría para no ser indigente y a los cerca de $9.000 que requeriría para no ser pobre.

Cabe señalar que estas transferencias tienen distintos orígenes y objetivos. A diferencia del periodo transcurrido entre fines de los noventa y los primeros años del siglo, cuando la estrella eran los “planes de empleo”, actualmente la transferencia social directa cuantitativamente más importante es la AUH que está lejos de ser “un plan manejado por punteros”: constituyó una de las medidas de equiparación de derechos más importantes de las últimas décadas (los hijos de los trabajadores formales reciben ingresos por sus hijos por la vía de las asignaciones familiares o por la de deducción de ganancias) y, junto a las moratorias previsionales, fueron fundamentales para garantizar un piso mínimo de protección social que alcanza a casi todos los niños, niñas y adolescentes y adultos mayores de nuestro país.

Por otro lado, en los hogares pobres los ingresos por jubilación o pensión ocupan el segundo lugar luego de los ingresos laborales, al igual que entre los no pobres. Pero mientras representan 15,2% del total de ingresos en hogares pobres, en el resto representan una proporción mayor, especialmente en los sectores acomodados (23,8%), donde también tienen un peso destacado los ingresos por rentas y alquileres (3,4%). Los ingresos monetarios por cuota alimentaria o ayuda de otros hogares están presente en todos los segmentos, pero en mayor medida en los hogares pobres, especialmente entre aquellos que se encuentran en la indigencia (5,6%).

Para el periodo analizado, los ingresos de los hogares pobres representaron, en promedio, el 62% de lo que hubieran requerido para alcanzar el umbral de la línea de la pobreza. Esto significa que tuvieron los recursos necesarios para afrontar solo 18 días y medio de los 30 días del mes: 13 días con ingresos provenientes del trabajo, apenas algo más de un día y medio con los ingresos por AUH, planes de empleo, etc., y los otros cuatro días con ingresos de otras fuentes no laborales, especialmente jubilaciones y pensiones.

Si los ingresos no alcanzan, ¿cómo (sobre)viven los pobres?

Al contemplar solo los ingresos monetarios, la medición de pobreza no toma en cuenta otros recursos a los que pueden echar mano los hogares para satisfacer sus necesidades ante la carencia de ingresos corrientes, como recibir ayuda en especies (alimentos sin cocinar o en comedores, ropa, etc.), descapitalizarse (gastar ahorros, vender pertenencias) o endeudarse (con otros hogares o bien con bancos o financieras).

No obstante, la EPH también nos aporta información sobre estas otras estrategias a las que recurren los hogares (en los tres meses previos). Si bien de manera menos precisa que la indagación exhaustiva por los ingresos, estos datos ofrecen pistas interesantes.

El 13% de las personas pobres integra hogares que declaran haber recibido mercadería (alimentos, ropas, etc.) de parte de instituciones estatales y no estatales o, en medida algo mayor, de parte de otros hogares, y esto adquiere especial relevancia entre los indigentes (17,8%). Sin embargo, esto no es privativo de los pobres: lo mismo se registra para el 5% de las personas no pobres, especialmente para los segmentos vulnerables y medios bajos.

Por otra parte, casi una tercera parte de los pobres se endeuda para solventar sus gastos, con bancos o financieras, pero especialmente con otras familias (una cuarta parte de la población indigente recibió préstamos de otros hogares). Entre los no pobres los préstamos recibidos de otros hogares decrecen a medida que aumenta el nivel de ingreso, pero esto no ocurre con los préstamos de bancos y financieras (sin incluir aquí las compras con tarjetas de crédito), que se mantiene en torno al 15% en todos los segmentos.

Finalmente, otras de las estrategias se vinculan a la descapitalización. El uso de ahorros para solventar gastos alcanza al 30% de todos los segmentos de hogares, lo que, al igual que el endeudamiento con bancos y financieras, puede ocultar fenómenos disímiles: mientras que para algunos es una acción obligada para la satisfacción de necesidades básicas, para otros el uso de ahorros bien podría destinarse al consumo de ciertos bienes (electrodomésticos, por ejemplo) o servicios (paseos, vacaciones) no esenciales, o bien para mantener un cierto nivel de vida en coyunturas en las que se contrae el poder adquisitivo. En cambio, la descapitalización por la vía de la venta de pertenencias sí muestra una mayor preponderancia entre los más desfavorecidos: la población en hogares pobres que recurrió a esta estrategia en los tres meses anteriores (12,5%) duplica a lo observado en la población de hogares no pobres (6,7%), y si se comparan los segmentos extremos, la venta de pertenencias resulta casi cinco veces más usual entre los indigentes que entre los sectores acomodados.

Cabe señalar que, tanto recibir mercaderías como préstamos de parte de otros hogares, constituyen un indicio de la importancia que tienen las redes de relaciones interpersonales en las estrategias de mitigación de la carestía de recursos corrientes por parte de los sectores más vulnerables. Pero, al igual que con la venta de pertenencias, se trata de estrategias que muy probablemente encuentren complicada su permanencia o eficacia en el tiempo cuando una crisis se amplifica y es duradera.

¿Qué pasaría si no existieran las transferencias sociales directas?

Si se decidiese eliminar todos los ingresos que los hogares reciben en concepto de AUH, planes de empleo, etc., la tasa de indigencia aumentaría entre 2,5 y 3 puntos porcentuales, en tanto que la de pobreza total subiría alrededor de un punto y medio. Esto muestra que las transferencias sociales directas tienen mayor eficacia para garantizar un pequeño ingreso estable a los indigentes y para evitar que una porción de los pobres no indigentes caigan en la indigencia, que para reducir la pobreza.

Para ponerlo en perspectiva, si bien un punto porcentual y medio equivale a casi 700 mil personas (extrapolando los datos de las grandes ciudades, que es lo que cubre la EPH, a todo el país), esta magnitud representa apenas una sexta parte del crecimiento experimentado por la tasa de pobreza entre la segunda parte de 2017 (25,7%) y la primera mitad de 2018 (35,4%).

En definitiva, dado el carácter apenas paliativo (aunque necesario, hiper progresivo y, en muchos casos, restitutivo de derechos) de las transferencias sociales directas, el combate a la pobreza (y a la desigualdad) no debe pasar por la estéril discusión sobre ellas, sino por cómo lograr reactivar el mercado de trabajo, para que bajen la desocupación y la informalidad, y se recupere el poder adquisitivo de los salarios.

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Se definieron los feriados y feriados puente de 2020

El año próximo tendrá 11 feriados inamovibles, a los que se les agrega los tres «feriados puentes», los tres días no laborables y los feriados de Carnaval que son el lunes 2 y el martes 3 de marzo.

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BUENOS AIRES, Argentina.- Mediante una resolución en el Boletín Oficial, el Gobierno Nacional anunció el calendario de feriados dispuestos para el año que viene.

Según se indicó en el Decreto 717/2019, los fines de semana que van a destinarse a «promover la actividad turística» serán el lunes 23 de marzo; el viernes 10 de julio; y el lunes 7 de diciembre.

El año próximo tendrá 11 feriados inamovibles, a los que se les agrega los tres «feriados puentes», los tres días no laborables y los feriados de Carnaval que son el lunes 2 y el martes 3 de marzo.

 

 

Calendario de feriados 2020:

 

  • 1 de enero: Año Nuevo
  • 2 de marzo: Carnaval
  • 3 de marzo: Carnaval
  • 23 de marzo: Feriado Puente
  • 24 de marzo: Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia
  • 2 de abril: Día del Veterano, y de los Caídos en la Guerra de Malvinas
  • 10 de abril: Viernes Santo
  • 1 de mayo: Día del Trabajador
  • 25 de mayo: Día de la Revolución de Mayo
  • 17 de junio: Día del Paso a la Inmortalidad del General Martín de Güemes
  • 20 de junio: Día del Paso a la Inmortalidad del General Manuel Belgrano
  • 9 de julio: Día de la Independencia
  • 10 de julio: Feriado Puente
  • 17 de agosto: Paso a la Inmortalidad del General José de San Martín
  • 12 de octubre: Día del Respeto a la Diversidad Cultural
  • 18 de noviembre: Día de la Soberanía Nacional
  • 7 de diciembre: Feriado Puente
  • 8 de diciembre: Inmaculada Concepción de María
  • 25 de diciembre: Navidad

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