El femicida está preso desde 2007 por el crimen de su mujer, cuyo cuerpo sufrió brutales mutilaciones. El asesino contrajo matrimonio en el penal de... Mató a su esposa, le arrancó los ojos y se volvió a casar en la cárcel

El femicida está preso desde 2007 por el crimen de su mujer, cuyo cuerpo sufrió brutales mutilaciones. El asesino contrajo matrimonio en el penal de Villa Urquiza, en Tucumán.

Pablo Amín está preso desde 2007 cuando asesinó brutalmente a su esposa María Marta Arias. Por ese entonces tenían 24 y 23 años cuando viajaron desde Santiago del Estero, donde vivían, a un conocido hotel del parque 9 de Julio, en Tucumán. La noche del 28 de octubre, Amín mató a su mujer.

El hombre fue detenido inmediatamente luego del horrible crimen

Por dicho femicidio “El Loco” está condenado a prisión perpetua. Sin embargo, el viernes pasado, se volvió a casa en el pabellón de máxima seguridad del penal de Villa Urquiza donde pasa sus días. Fue en ese lugar donde conoció a su mujer y donde el viernes pasado se realizó el civil, y el lunes por la noche, durante el recibimiento del Año Nuevo, se realizó la ceremonia religiosa.

El femicidio tiene tintes brutales. La víctima fue ahorcada mientras dormía y luego el asesino le arrancó los ojos y los dejó, uno al lado del otro, sobre la cama. Pero no fue esa la única mutilación del cuerpo: también le cortó la cara y la frente, al igual que la zona genital.

La mujer lo conoció en una visita al penal

María Marta ya estaba muerta pero Amín siguió golpeando su cuerpo, lo sacó del cuarto y lo arrastró por la escalera desde el quinto piso, donde se encontraban alojados, hasta el primero. Un empleado del hotel lo descubrió cuando todavía estaba pateando a su mujer. “No se preocupen, estoy en estado de emoción violenta”, le habría dicho poco después a la policía.

Quedó detenido en el momento y tras un breve paso por un neuropsiquiátrico, el caso fue a juicio en 2009 y “El Loco” fue condenado a prisión perpetua, por homicidio agravado. En sus últimas palabras ante el tribunal, confesó: “La asfixié hasta no dar más. La solté y ella no se movía. El cuerpo quedó inmóvil y se me vino una nebulosa, como la que sentí en el auto. Escuché la voz de una señora vestida de blanco que me dijo que estaba muerta. No recuerdo nada más”.

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