La muerte de los que no han vivido, es una muerte pequeña. En casi todos los países de América del Sur, existe una vieja... El velorio del angelito

La muerte de los que no han vivido, es una muerte pequeña.
En casi todos los países de América del Sur, existe una vieja tradición relacionada con las ceremonias fúnebres que se llevan a cabo cuando ha muerto un niño de corta edad.

Esta tradición tiene como antecedente que fue llevada a España por los árabes.
La creencia popular dice que al fallecer un niño pequeño, (que haya sido bautizado) su alma se encamina directamente al cielo para convertirse en “angelito”, razón por la que en vez de tristeza se percibe un sentimiento de alegría y de piadosa complacencia.
Una vez que el niño fallece, su madrina es la encargada de prepararlo para el velatorio con una túnica blanca adornada con lazos y moños celestes. También se arregla la habitación pegando estrellas y flores de papel en el techo. Se colocan alitas de cartón al pequeño además de un cordón atado a la cintura que ayudará a la madrina a salir del purgatorio cuando ésta muera. Lleva ojotas de papel que impedirán que las espinas del camino le lastimen los pies y al lado del cajón se coloca un jarrito con agua para apagar su sed en la prolongada travesía hacia el Paraíso.
Se preparan empanadas, rosquetes, chipaco, que son acompañadas por bebidas como aloja, chicha, vino y agua ardiente.
Esto último es el factor común de este velorio tradicionalmente convertido en fiesta con el propósito de alegrar los espíritus.
Al amanecer, antes del entierro, se tiran cohetes y fuegos de artificio y el cortejo suele estar integrado por niños que entonan cánticos con el significado de encargos y saludos por medio del finadito a los parientes y amigos ya fallecidos.
Estas antiguas tradiciones perduran en algunas regiones bien delimitadas geográfica y socialmente llamadas “islas folklóricas” y con el correr de los años se van diluyendo en el tiempo, agregándose a esa confusa nebulosa de recuerdos que constituye el acervo legendario de los pueblos.

Adiós padres venerados
A quienes debo mi ser
Ya voy a reesplandecer
con los Bienaventurados.

 

Adaptación bibliográfica y texto y texto: Lic. María Del Mar Novoa Zamora
Imágen: Pinterest

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