La niña se hizo tristemente célebre cuando, a mediados de noviembre, venía de control oncológico en Tucumán, junto a sus padres, y un retén policial los detuvo en Yutu Yacu, en el límite entre Santiago y Tucumán. Ya estaba bastante mal, con una pierna muy afectada por un cáncer óseo con el que venía luchando hacía 7 años y quería llegar a su casa. Desesperado, su padre la sacó del automóvil en brazos y cruzó caminando el retén policial, por la ruta nacional número 9.
El video se viralizó muy rápido y se conoció el caso de Abigail, afectada por un sarcoma de Ewing, un extraño cáncer óseo. Con la ayuda de la Municipalidad de Las Termas, recibía tratamiento en un hospital de Tucumán.

La desmedida reacción policial le valió el repudió de amplios sectores de la sociedad. Esto obligó al gobernador Gerardo Zamora a salir a pedir disculpas por el accionar policial. Incluso el gobierno santiagueño costeó el viaje y una interconsulta al Hospital Austral, para que revisaran a Abigail. Pero ya no había mucho por hacer.

El oficial Williams Sosa, que actuó en el operativo, fue separado de su cargo. Gran cantidad de referentes políticos, entre ellos el ex presidente Mauricio Macri, se solidarizaron con Abigail y hasta viralizaron una imagen de su padre cargándola en brazos.
El desfile de gente por su casa del barrio San Martín, durante la noche del domingo y la madrugada del lunes, fue casi incesante. «Fue una luchadora y ejemplo», repetían algunos vecinos y amigos. Afuera de la humilde vivienda se había instalado una carpa con sillas para que aquellos que quisieran entrar a verla por última vez, pudieran esperar a resguardo del molesto sol santiagueño.

Largas colas de vecinos, amigos y familiares de Las Termas pasaron por allí. Estaba todo perfectamente organizado para, por lo menos mínimamente, cumplir los protocolos que exige la pandemia: sillas con distanciamiento, carpas y baños químicos montados en la calle. Y se colocó un grupo electrógeno.
La solidaridad estuvo presente en todo momento: cuando el calor apretó a la siesta, los vecinos sacaron sillas, resguardaron a los visitantes y les invitaron agua para refrescarlos. Ni la terrible humedad frenó el aluvión de gente.

A las 17.30 ingresó el personal del servicio fúnebre para cumplir con la ceremonia de cierre del féretro. Y allí se vieron las escenas más desgarradoras: Carmen, la mamá, y Diego, el papá, se resistían a ya no verla. Entonces sobrevivieron los llantos desconsolados, los gritos de dolor y el intento de consuelo de los familiares.
Afuera, unas 500 personas esperaban la salida del féretro, que fue cargado en el camión de los bomberos para dar la última vuelta por Las Termas. Los vecinos, al costado de la vereda, aplaudían su paso. Cientos de jóvenes y niños, conmocionados, acompañaban. Aquí ya no hubo respeto al protocolo.

A las 19 el cortejo fúnebre, con cientos de motos, autos y camionetas, llegaron al cementerio municipal de Las Termas. «Mi amor, nos dejas un dolor muy grande. Tanto que la luchaste, por qué te fuiste?», gritaban sus padres.

La niña venía con complicaciones desde fines de noviembre. Su padre le dijo a Clarín que esperaban el milagro y que durante diciembre y enero había tenido una leve mejoría. El domingo a la mañana, Abigail les pidió a sus padres que la sacaran a pasear por Las Termas; fueron a la Costanera y al dique. «Luego nos dijo que quería volver a casa. Y al rato se cortó. Dios ya quería llevarla «, dijo su padre, llorando desconsolado.